una caravana de camionetas sin placas, los vidrios polarizados,
las ventanas abiertas, donde sobresalían cabezas de guaruras pelones,
se nos echó encima velozmente y tuvimos que aparcar en la banqueta.
"Deja pasar a los narcos" -exclamó mi mujer;
"¿Cómo sabes que son narcos?" -repliqué instantáneamente;
"¿Cómo puedes ser tan ignorante?" -contestó rápido;
"su actitud es sospechosa, todos los pelones en carros de lujo son narcos"
-dijo;
los policías detuvieron el tráfico para que avanzaran los autos lujosos,
moví el pequeño volkswagen a la pista y comenzó a rodar estruendosamente,
"ya no soporto ese ruido de carro viejo, el humo me asfixia" -dijo mi esposa;
(nuestro auto nuevo se descompuso del sistema eléctrico);
a pesar de estar semi-nuevo se descompone más frecuentemente que nuestro
viejo cacharro, que es ya como de la familia.
"El viernes me iré a leer poemas en Puebla, diez minutos de gloria",
dije, tratando de cambiar el tema.
"En lugar de ir de inútil a perder el tiempo, deberías arreglar el auto
nuevo" contestó mi esposa;
el tráfico iba lento, podía tirarme una siesta sin dejar el volante,
podía destapar mi grandioso iphone para mirar en Facebook,
¡Ah la modernidad, ah la fantástica modernidad capitalista!.



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